Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

viernes, 29 de septiembre de 2017

La pre-visión política


Todos somos políticos. Ciudadanos. Pero no cualquiera puede ser un político. Ejercer adecuadamente su función y servicio público. Comenzando por la capacidad de retirarse a tiempo y dejar el terreno libre a otros con mejores proyectos. Capacidad que, por consiguiente, ha de ir acompañada de esta otra: reconocer que los demás pueden tener ideas tan buenas como las mías, o incluso, mejores. Ya sabemos que el profesionalismo en la política es una de las desviaciones que mayores males nos procura. Nos detendremos, a continuación, en la necesaria creatividad o capacidad para mirar las situaciones desde una perspectiva nueva, que facilite desarrollos alternativos a una dificultad o problema. Y esto nos hace tanta falta en política... Pero se requiere a su vez altura de miras. Una visión más amplia que la acostumbrada, que permita tomar decisiones en el largo plazo, de modo que no se ahoguen nuestras decisiones, prisioneras del día a día. Así, no parece muy conveniente aplicar en exceso la ley del Gatopardo. Solamente nos valdría durante un tiempo, ese inmovilismo y la conservación de lo que hay, conmigo dentro. El conservadurismo, de izquierdas o de derechas. Tendría los años contados o, como mucho, las décadas. De hecho, no hay nada en el mundo, ni en el universo, que no cambie. Todo cambia y el cambio político es de lo más fácil de comprobar que cambia, y cambiará. Y si todo cambia en esta vida, no es tan extraño que yo cambie -como dice la canción- con la sociedad conmigo dentro. Por esta razón, un requisito mínimo que se le puede exigir, no ya a un político, que de éstos hay miríada, sino a un buen político, es su habilidad en el arte de gobernar las crisis para que se cimente con robustez un futuro social más halagüeño.

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Parménides y la vía de la verdad

Parménides y la vía de la verdad

De los primeros filósofos de la tradición occidental -llamados filósofos presocráticos- solamente conservamos breves fragmentos de su pensamiento, generalmente hallados en las obras de otros autores posteriores, pero de Parménides de Elea podemos leer reunida una buena cantidad de versos del Poema donde expone su teoría racional (según Lógos) de la la Phýsis, su tratado sobre el Ser (acerca de todo lo que hay). Sorprende el elevado nivel de abstracción, por ligar metafísicamente la lógica, el lenguaje, el pensamiento y la realidad. Todo en Uno. El Ser es. “Lo mismo es ser y pensar”. Históricamente, dicen que pasa por ser la primera manifestación explícita del racionalismo occidental. La lógica de la razón señala la realidad. Sólo es aceptable racionalmente lo que es acorde a la lógica racional. A es igual a A (principio de identidad). A no puede ser no A (principio de no-contradicción). A o no A (principio de tercero excluido), pero es imposible a la vez afirmar A y no A. Un absurdo, una contradicción, algo imposible. Las reglas lógicas de la razón establecen las leyes de la naturaleza. Aquello que es natural que sea. Cualquier ley científica -de ahí en adelante-, al menos, ha de ser coherente, lógicamente aceptable, de lo contrario, no sería una ley científica. Aunque lo estemos observando... los sentidos nos engañan. Aunque lo estemos notando así en nuestro cuerpo, nuestros sentidos internos nos engañan.

Y la diosa me recibió benévola, tomó mi mano derecha sobre al suya, y me habló con estas palabras: “Oh, joven, que en compañía de inmortales jinetes y las yeguas que te conducen, llegas hasta nuestra morada, ¡bienvenido! Pues no es un hado funesto quien te ha enviado a andar por este camino (está apartado, en efecto, del paso de los hombres), sino Temis y Dike. Y ahora es necesario que te enteres de todo: por un lado, el corazón inestremecible de la verdad bien redonda; por otro, las opiniones de los mortales, para los cuales no hay fe verdadera”.

A pesar del aparente racionalismo, este Poema de Parménides Sobre la naturaleza (Phýsis) comienza con una larga introducción mítica (según Mithos). Una revelación de la diosa. Hay tres caminos posibles y sólo uno es la verdad: la consciencia de que lo que es, es; una cosa es idéntica a sí misma (principio lógico-metafísico de identidad). “El Ser es y el no ser no es”. Perogrullada, que es la base de nuestro pensamiento de la realidad. No podemos pensarla de otro modo, por lo tanto no existe nada de otro modo. La nada, el no-ser no es y es imposible que sea. Esta otra vía no te la aconseja la diosa. Lleva al absurdo racional, a la locura, a la autodestrucción humana, cuya naturaleza es racional por antonomasia. Tampoco, aquella a la que se ven abocados los seres humanos para tratar de sobrevivir en este mundo cambiante. Aún, al precio de volverse monstruos bicéfalos, a quienes una cabeza les dice que algo es, y otra que no es. El árbol es uno y no es uno, cambia. Pero, pasar del ser al no-ser (o viceversa) es un absurdo irracional ilógico. Visto desde un nivel superior de conciencia. La evolución y el crecimiento son apariencia, ni vida ni muerte, sólo el Ser es; siempre permanece uno e idéntico a sí mismo. Ésta es la Realidad. Profunda. En el fondo, todo es Uno, eterno, inmóvil presente constante. Permanente. Las formas se suceden, parece que cambian, que se mueven, pero el Todo no cambia ni se mueve. Pues, todo sucede dentro de ese Todo que es. El Todo, en cuanto tal todo, no cambia. Quien llega a comprender esto obtiene la sabiduría, pues ha seguido el camino de la verdad, única y auténtica. Eterna. Es un conocimiento divino, que sólo puede ser revelado por un dios a otro ser capaz de comprender, que por eso mismo, es también divino. Rezaba un principio griego muy antiguo: “Aquel que conoce y lo conocido, en el mismo acto de conocer se identifican”. Ha de ser parejo su nivel de sutileza, la mente y la realidad a la que atiende.

Podemos negarnos a ver lo que es, negarnos a aceptar las cosas tal y como son. Viviremos mal. Si algo es, no puedo decir que no lo es, no puedo quererlo. Me llevará a la neurosis, al sufrimiento. Si algo es, lo mejor que puedo hacer es aceptarlo tal como es. Un hecho, que ha sucedido, que está ahí. Por tanto, aquí y ahora. Presente. Lo mejor que puedo hacer es atenderlo como merece. Cuanto más me resista, más sufriré. La realidad es como es... Siento dolor por una pérdida, temor por lo que ha de venir, mi empresa ha salido mal, descubro que hay cosas que no dependen de mí... Lo primero, necesario, permanecer ahí, en la realidad, sin subterfugios ni huidas -esas ficciones o falsos paraísos que encontramos-. Y luego, navegar por ella, tal como es. Atravesarla, si es dolorosa. “El dolor es un túnel: / hay salida” (Josep M. Rodríguez). Al atravesar el túnel-dolor, llegaremos a la verdad del dolor, una ausencia de lo que verdaderamente es, de lo que somos -plenitud, paz, felicidad-, que ha sido removido por las circunstancias y, sobre todo, por una respuesta limitada mía, errónea. Me he basado en mis ideas y no en la realidad, en una imagen mental y no en lo que son las cosas. Primero, he de mirar y aceptar lo que es, también lo que estoy sintiendo; luego, ver y comprender mis ideas erróneas de lo que está sucediendo, en mí o fuera de mí; a continuación, dejar de identificarme con esa imagen que me he formado de la realidad, soltarla; y, finalmente, responder de una manera diferente a la situación, creativa. Creadora. No se producirá dolor. No dejará residuo del dolor, subterráneo, producto de la represión de lo que es, de lo que soy, viviendo lo que no soy. El ser es. El no-ser no es. Actitud. Aceptación.

Publicado en Homonosapiens

martes, 25 de julio de 2017

¿Cómo entiendo yo la eutanasia?


Cómo nos relacionamos con la muerte señala cómo vivimos. Nuestra cultura se ha habituado a menudo a vivir de espaldas al hecho de la muerte, buscando refugios allí donde posponer u ocultar nuestras soterradas cuitas humanas. Así, en otros tiempos, en otras culturas -aunque nos parezca a veces insensible- su trato con la muerte y los que han de morir se presentaba de manera no problemática, o quizás menos problemática de lo que se nos está apareciendo en nuestra cultura occidental moderna. De una manera mucho menos natural. Los participantes de este café filosófico, último de la temporada, mencionaron con emoción la película La balada de Narayama, para apostillar esta idea de la aceptación más natural de la muerte. Durante el transcurso de la discusión dijeron que, en nuestra cultura, han confluido dos factores que pueden explicar esta relación nuestra más problemática con la muerte propia o la de los demás: por un lado, la dominante tradición judeocristiana, con su moral del justo premio al sufrimiento y de la culpa, y por otro lado, los avances tecnocientíficos del último siglo, que permiten prolongar la vida artificialmente hasta extremos a veces inconcebibles. La convergencia de estas dos fuerzas ha generado el difícil problema de la eutanasia, que los participantes quisieron abordar sin tapujos aquella tarde, a partir de sus propias experiencias. Como si se tratara de los miembros de un comité de ética, que hubieran de realizar propuestas para una ley de la muerte digna. Y si es el caso que te planteas que es altamente improbable que tú tengas que decidir algo así en el marco de un comité de ética, o bien, en el de un jurado que hubiera de dictar sentencia sobre algún caso en que se haya practicado ilegalmente la eutanasia, vengo a decirte, de la mano de estos participantes en este café filosófico, que no será raro que se te presenten en el futuro situaciones personales en las cuales tengas que lidiar con una situación como ésta. Es cuestión de tiempo, o mejor, de edad. Así pues, quédate con nosotros y podrás clarificarte un poco. Para cuando sea menester.

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sábado, 22 de julio de 2017

¿Para qué el error?


En un Café filosófico no hay errores, todos son aciertos. El error posee una razón de ser, que la discusión filosófica ha de indagar. Todo es aprovechable. Lo mismo en la educación. Por eso Sócrates es el mejor maestro. Pero también en la vida. La filosofía es como la vida. Es una forma despierta de vivir. Así que es muy posible que, en la vida, detrás de un error haya siempre una verdad, latiendo, instruyendo. Uno de nuestros mayores retos, como seres vivientes, quizás sea integrar conscientemente nuestros errores, porque integrados en mi vida ya lo están de suyo. ¿Acaso sería yo ahora el mismo sin mis errores? ¿Y cuándo me siento yo mejor, que cuando logro vislumbrar la verdad escondida tras un error mío? Entonces, estoy en buena disposición para decir lo que he de decir, hacer lo que he de hacer. Entonces, me siento muy a gusto conmigo mismo, muy satisfecho de mí. Estoy en la verdad y desde ahí siento, hablo y actúo. Estoy en mí, aposentado en mí. Ahí no hay desdicha, no hay drama. Hay plenitud y goce sumos.


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martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué estoy aquí?



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Estos tiempos generan individualismo y visión corta. Ombliguismo. Quizás por eso, nos cuesta trabajo adquirir una visión más universal de los asuntos y de la propia vida. Todo lo vemos diferente, exclusivo. Y por supuesto, lo que a mí me pasa, lo que yo pienso y siento, no le pasa a nadie. ¡Que no me confundan! Así, no es raro que algunas personas tengan algunas dificultades para moverse entre líneas, navegar entre los distintos niveles. Les hace falta algo de entrenamiento, para pasar de universal a lo particular -sin perder toda su profundidad- y de lo particular a lo universal - con todos sus matices-. Una manera de desarrollar esta habilidad es a través del ejercicio filosófico, la filosofía practicada juntos. Pongamos por caso la pregunta de aquella tarde: ¿Por qué estoy aquí? No es difícil que se centre la respuesta en el yo que está supuesto ahí, en la pregunta, convirtiéndose la respuesta en una respuesta egocentrada, incapaz de ver más allá de sí misma, de sus muchas preocupaciones mundanas actuales. Sin embargo, lo cierto es que ¡todos estamos aquí también! Algo compartiremos, algo podremos comunicarnos, algo podremos entendernos y ayudarnos mutuamente. Quédate, entonces, con nosotros. Tamaña pregunta metafísica tendrá un desarrollo mundano a tu alcance, de manera que puedas estar en ti y, al mismo tiempo, salir de un poco de ti, hacia el horizonte que te ofrecen estos participantes del séptimo café filosófico de la temporada.


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