Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

sábado, 16 de febrero de 2013

El desarrollo moral

La moralidad, como otras capacidades humanas, se puede desarrollar más o se puede desarrollar menos (Kohlberg):

Estadio 1: Heteronomía
             El comportamiento se rige por factores externos: conseguir un premio o evitar un castigo. Si sabes que no te van a descubrir, no hay motivos para dejar de hacer algo que te gusta o que persigues. (Si no te pillan no has hecho nada). Es el estado normal de los niños hasta los seis años aproximadamente, pero hay adultos que pueden estar toda su vida instalados en este estadio. Es el caso típico de los delincuentes que sólo los frena el temor a un castigo.

Estadio 2: Individualismo
             El niño a partir de los cinco años comienza a descubrir que hay normas y reglas de juego. Y en este estadio ya no se cumple la norma por temor a un castigo, sino que comienza a actuar por egoísmo o interés propio: de lo contrario no le dejarían jugar a lo que le gusta jugar o hacer lo que quiere hacer. Descubre a la vez la ley del Talión (“ojo por ojo…”): actuar por reacción, se hace a los demás lo que nos hacen; se hace lo se suele hacer, lo que es normal hacer, para que a mí también me lo dejen hacer. Normalmente dura hasta la adolescencia, pero hay muchos adultos que actúan según este mecanismo: respeto si me respetas, no miento si no me mientes, llego puntual al trabajo si los demás también lo hacen, no robo si tú no robas…

Estadio 3: Expectativas interpersonales
             En este estadio se comienza a descubrir la importancia de la afectos, aunque muchas veces se actúa para agradar a los demás y ser aceptados. Hacemos lo que se espera de nosotros. Se guarda lealtad por afecto y por el deseo de ser queridos, no tanto respecto al contexto familiar sino al grupo de iguales. Para pertenecer a un grupo extrafamiliar se hace lo que ellos nos pidan, y los límites que se ponga a esta exigencia depende de lo firmemente que se haya superado el estadio anterior. Aproximadamente hasta los veinte años, y muchos adultos posteriormente, todavía nos dejamos llevar —más o menos fácilmente— por lo que hagan otros, los modelos predominantes en la sociedad o en el grupo en que nos movemos frecuentemente.

Estadio 4: Responsabilidad y compromiso
             En esta fase comienza la autonomía moral. Los jóvenes a partir de dieciocho o veinte años —los más maduros con menos edad incluso— ya tienen la capacidad para actuar siguiendo compromisos adquiridos con otras personas. Ahora se cumplen las obligaciones libremente contraídas por autorresponsabilidad, no por interés egoísta o por quedar bien. Si otros no son responsables para hacer lo correcto, no se imita su conducta. Ahora bien, sólo se hace aquello a lo que uno se ha comprometido, no más; y se limita a su círculo social más cercano, su familia, sus amistades, sus conocidos, los de mi país, el resto “no es mi problema”. En esto está una gran parte de la población, a pesar de que todavía se puede desarrollar más profundamente nuestra moralidad.

Estadio 5: Contrato social
             Aquí se comienza a tomar conciencia del mundo: “todos tienen derecho”, no sólo mi familia, mis amigos, mi ciudad, mi país, mi cultura… Tienen derecho a una vida humana, por lo menos respecto a sus valores más básicos: a una vida digna (alimentación, vivienda, salud, educación) y a ser libres de tomar sus propias decisiones. En el estadio anterior se cumplen las leyes escrupulosamente, pero ahora se considera que puede haber leyes injustas que hay que contribuir a cambiar, si atentan contra la vida o la libertad de las personas.

Estadio 6: Principios éticos universales
             La conciencia moral se amplía ahora a todos los demás valores, sobre todo la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos: “todos somos hermanos”, todos necesitamos y buscamos básicamente lo mismo, lo que nos hace humanos. Una de las reglas de oro sería: “hacer a otro lo que no quisiera que hicieran conmigo”. El filósofo ilustrado Kant lo llamó “imperativo moral”: una norma para ser moralmente aceptable ha de poder ser universalizable, es decir, que sea capaz de recoger lo que “todos deberíamos hacer”. La conducta se orientaría ahora por principios éticos universales, como los recogidos en la Declaración de los Derechos Humanos. Sólo algunas personas son capaces de llevar una vida coherente con este nivel de desarrollo moral.

Pregunta:
¿Sabrías decir en qué estadio de desarrollo moral se encontrarían muchos de "nuestros políticos"?

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