Marc Sautet au Café des Phares (Paris 1994) Photo: Wolfgang Wackernagel

martes, 18 de julio de 2017

¿Por qué estoy aquí?



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Estos tiempos generan individualismo y visión corta. Ombliguismo. Quizás por eso, nos cuesta trabajo adquirir una visión más universal de los asuntos y de la propia vida. Todo lo vemos diferente, exclusivo. Y por supuesto, lo que a mí me pasa, lo que yo pienso y siento, no le pasa a nadie. ¡Que no me confundan! Así, no es raro que algunas personas tengan algunas dificultades para moverse entre líneas, navegar entre los distintos niveles. Les hace falta algo de entrenamiento, para pasar de universal a lo particular -sin perder toda su profundidad- y de lo particular a lo universal - con todos sus matices-. Una manera de desarrollar esta habilidad es a través del ejercicio filosófico, la filosofía practicada juntos. Pongamos por caso la pregunta de aquella tarde: ¿Por qué estoy aquí? No es difícil que se centre la respuesta en el yo que está supuesto ahí, en la pregunta, convirtiéndose la respuesta en una respuesta egocentrada, incapaz de ver más allá de sí misma, de sus muchas preocupaciones mundanas actuales. Sin embargo, lo cierto es que ¡todos estamos aquí también! Algo compartiremos, algo podremos comunicarnos, algo podremos entendernos y ayudarnos mutuamente. Quédate, entonces, con nosotros. Tamaña pregunta metafísica tendrá un desarrollo mundano a tu alcance, de manera que puedas estar en ti y, al mismo tiempo, salir de un poco de ti, hacia el horizonte que te ofrecen estos participantes del séptimo café filosófico de la temporada.


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sábado, 15 de julio de 2017

¿Por qué es tan complicado el amor?





Dicen que para ser inteligente basta poseer una determinada capacidad desarrollada, que logre la realización eficaz de una determinada tarea. De ahí que nos hayamos acostumbrado a oír hablar de teléfonos inteligentes, procesos inteligentes o inteligencia artificial (AI), olvidando que la inteligencia no sólo actúa como una máquina –o más bien, una máquina como la mente humana-, sino que incluye en su actividad la conciencia de sí y la elección libre más allá –o más acá- de la eficacia y funcionalidad, algo propio de la racionalidad instrumental. Asimismo, nuestro tiempo también ha olvidado la diferencia entre “ser inteligente” y “vivir inteligentemente”. Si bastara ser inteligente para vivir bien, no nos angustiaríamos tanto, nos estresaríamos o viviríamos con tantos temores, a los que respondemos habitualmente a través de la huida o el ataque. En el relato, que comienzas a leer, del Café filosófico del mes de febrero de 2017 aprenderás a ser algo más inteligente porque serás capaz de vivir mejor, no porque conozcas mucho de poco o seas experto en algo, y porque efectúes muy bien tu trabajo, aunque tu vida vaya a la deriva más de lo conveniente. Alcanzarás la inteligencia desarrollando tus cualidades –no una, sino muchas de tus cualidades-, eso que se llama madurez personal. ¿Y qué tal una mayor madurez en el amor, para ser capaz de amar mejor?